Soñé que mi hermana Magda se desamayaba en mis brazos. Se caía como esos pollos recién ahorcados de los dibujitos animados, sin huesos, y se derretía hacia abajo mientras yo pensaba en que sabía que se caería, y en que tenía la seguridad de que podría despertarla. La sacudí un poco hasta que recuperó el conocimiento y la rigidéz del cuello -antes elástico-, y me sonrió como si sólo se hubiera tropezado.
Creo que todos somos un poco pollo deshuesados a veces.
Sólo necesitamos alguien que nos sacuda cada tanto.