Estando yo a unos cuantos km. de distancia, por fin nació Agustín. Pensé que iba a esperarme un par de días más -después de todo había estado allí por largo rato- pero el lugar ya le quedaba medio chico y con sus 3,600 imagino que estaría incómodo. La tecnología hizo que en Posadas veamos una foto de él recién nacido y aún con pelo y enrojecido, pero como eso no es suficiente, el viernes fui a conocerlo personalmente.
Es increíble lo vulnerables y dependientes que somos los humanos al nacer, y a la vez, lo infinitamente seguros para saber que hacer durante los primeros días para sobrevivir. Cada vez que pienso que crecemos en un líquido y luego salimos con nuestros pulmones formados a respirar; o que en cada gen de nuestro cuerpo se revela la totalidad de la información genética de todos nuestros órganos (sea cual fuera su función), me aturdo con el milagro de la naturaleza.
Y así aturdida, lo levanté y le dí una bienvenida de besos.