Justo cuando menos recordaba las recomendaciones de todas las iglesias para llegar al más alla con los lotes de la mansa eternidad comprada, quien sea que decide poner pruebas en el camino, las puso. Y no hizo otra cosa que poner en jaque el egoismo, para que no nos olvidemos que siempre se puede hacer algo más (igual que -desde el otro lado- siempre se puede estar peor).
Tiene miedo, está enfermísima, está renga.
Pero tiene los ojos celestes más hermosos que ví en mi vida.
Y lo único que dicen es: ayudame, mimame, no me dejes sola.
Así es que está en la entrada de casa,
con una de nuestras almohadas,
dormida permanentemente en la seguridad de sentirse acompañada,
esperando que un veterinario nos diga si ella también
puede ganarse algo más que el maltrato y la falta de afecto.
Si nos ganamos a “Cielo” -que así se llama-,
nos estaremos salvando a nosotros mismos.