Cuano era una nena coleccionaba pequeños muñequitos a los que llamaba “Julietitos”.
Todos tenían una característica: eran bebés muy chiquitos. Algunos eran rosados y hasta tenían las facciones perfectas de un hermoso bebé humano.
Y a esa edad indescifrable entre los 3 y los 7 años donde todo es lindo y conmovedor, había acumulado varios Julietitos que me producían pura ternura por su propia miniaturidad…
Hoy, a más de 20 años de esa “colección”,
le mando todo el amor y toda
la fuerza a la Julietita más importante que conozco.
FUERZA.
Aunque no nos dejen pasar donde te cuidan,
no estás solita.