Algunos días no puedo hacer que las cosas me molesten menos. Hay veces que no perdono tanta liviandad, tantos errores, tanta despreocupación o irresponsabilidad… Estoy condenada a ser ese “alguien” que “total lo hace“. No importa si es remunerado, no remunerado, en lo mío, en lo de otros. La idea de que “otro” lo arregla, lo hace, lo termina, lo resuelve, lo completa está instalada en todos menos en mi cabeza.
Es increible pero es así. Y es una pena, porque hacía rato que no me pasaba de una forma tan notable: desde un día en Universal, cuando me dí cuenta que habiendo 15 posiciones para recibir llamados de emergencia, únicamente yo me encontraba atendiendo. Y ese día lo aclaré: “No me molesta trabajar mucho, me molesta trabajar sola” o sea, hacer el trabajo de otros además del propio.
Me pasó más de una vez, y no voy a dejar que eso vuelva a pasarme, porque aunque yo me esfuerce en completar todas las tareas en las que termino envolviéndome, nadie hace el trabajo que yo tengo pendiente.
Entonces, no se asusten, pero vayan sabiendo que cuando trabajo mucho haciendo las cosas horribles que nadie quiere hacer, no quiero reirme de bobadas si es que no me hacen gracia y no voy a sonreir si estoy molesta. Y voy a preguntar todo lo que no entienda, o no tenga sentido. No quiero ser diplomática con personas que me conocen (a las desconocidas se los perdonaré un tiempo). Y me parece más que justo que mi cara refleje lo que pienso y lo que siento.
Lo lamento, aguantensé esta vez.
Yo ya me aguanté mucho.
Estoy cansada.