Cuando mi papá cumplió los 65 años (edad mínima masculina para jubilarse en Argentina), se apareció con una gran sonrisa en la oficina correspondiente. Llevó sus papeles completos (los certificados, las fotocopias, los formularios completos, un fondo de ojos, la rinoscopía…), que prolijamente había ordenado para ese día, y comenzó los trámites para jubilarse.
Él, como muchos hombres de su edad en Argentina, tiene el doble de años de aporte necesario para jubilarse, y cobra la mitad de lo que necesita.
No importa cuántos trabajos simultáneos para mantener a sus cuatro hijas haya hecho allá por los años ochenta (casualmente cuatro, uno por hija)… Tampoco importa, que en sus años más productivos (de los 30 a los 50 imagino) haya tenido altos cargos que le permitían darse cada tanto algún gusto y soñar con que todos tuviésemos un lugar donde “caernos muertos“.
No importa.
Porque la legislación argentina, dice que uno debe ganar su jubilación según los valores que percibió los últimos diez años… años éstos, donde el mercado de trabajo (salvo algunas excepciones) desvaloriza la capacidad de nuestros adultos más adultos, disminuyendo su salario y limitando sus responsabilidades; si es que no bajan directamente sus salarios especulando con la necesidad.
Es por eso que a mi viejo, hoy le digo Feliz Día. Que es el día del trabajador estafado. El día del hombre perseverante, que disfruta igualmente de manera digna de su baja jubilación. Porque para una persona que trabajó tanto, procurando ser justo siempre, cualquier jubilación es baja.
Claro que él no se preocupa. Hay mucho todavía por hacer y ser jubilado hoy, no quiere decir no tener labores pendientes o cotidianas.
Y parece ser que esa situación tiene una cosa a favor: cuando hay algo para hacer que no quiere o gusta hacer simplemente se defiende dicendo:
“A mí no me jodan, yo soy jubilado”.
Y tiene otra cosa más a favor: todas aprendimos a trabajar con el mismo espíritu que él, y es el momento de devolverle la gentileza.
Cuando sea el día del “que podría ser un jubilado, pero no se jubila”, ese día el post se lo dedicaré a mi mamá. Otro gran ejemplo del esfuerzo y de la responsabilidad.