Estas vacaciones, subiendo por una picada de montaña junto con mi amiga Paula, camino hacia un pinar cerca de los Hornillos que bien podría haber salido de un cuento de magos, encontré una herradura.
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Si bien no soy muy crédula en cuestiones de suerte, es cierto que no es muy usual encontrar una y eso ya es toda una situación afortunada. Así es que la levanté la cargué en mi mochila y me acompañó durante todo el viaje.
Durante mi paso por Dean Funes, los expertos
me dijeron que para que esta herradura dé suerte, debo tirarla
para atrás tres veces; pidiendo un deseo por cada vez que la arroje.
La herradura ahora me mira con sus agujeritos desde la mesa.
Está esperando que yo elija que pedirle como al genio de la lámpara,
sólo que no puedo decidirme sobre que pedir.
Por un momento pensé en hacer trampa pidiendo esos deseos super
amplios e inclusivos que piden todo a la vez pero que cuentan como si fuera
uno… pero me pareció que no daría resultado.
Así es que sigue ahí, esperando que yo sienta tanto deseo por algo tan difícil,
que no pueda conseguirlo por mis propios esfuerzos.
Pienso que tal vez, la salud de las personas que amo sea un deseo
que merezca la ayuda de aquello que no es humano,
ya sea la Herradura,
Dios,
la Lámpara,
Alá,
o vaya Zéus a saber quién…