Todas las mañanas me despierto con una canción que me acompaña durante todo el día. Y la canto -para adentro- mientras tomo café, limpio las jaulas de mis pájaros, escribo… y hasta cuando viajo.
No todos entienden que lo que se sale a veces por mi boca es lo que suena en mi cabeza. Como el otro día que en el repleto colectivo 37 se me escapó un “Quiero revolcarme con vos, quiero, quiero, quiero”.
Aunque la gente del colectivo se olvidó enseguida, yo no.
Me pasó lo de Homero Simpson “¿Lo dije o lo pensé?”
Igual, me hice la que tenía un “guolcman”.
Y punto.