Punteos clandestinos IV

* Estuve pensando que este método de escribir punteos es demasiado fácil. Está bueno para escribir en la clandestinidad, y mejor debe ser para los lectores, especialmente para los que hacen un “rapidito” y se van. O para escribir pequeñas vivencias de un viaje o una estadía solitaria por ahí. Pero creo que lo justo será volver a intentar escribir más o menos en serio a mi regreso del multiverso en el que me encuentro ahora. Si tuviera algo de talento, después de esta tesis me escribiría una novelita.

* Las redes sociales mataron los comentarios en los blogs. Una pena. Muy, muy grande. Los blogs permiten (con las limitaciones que pueda poner su administrador/a) los comentarios de todos aquellos que usan internet y por el motivo que sea llegan aquí. En cambio “redes sociales” como FaceBook intermedian limitando la relación con los que por algún motivo están entre tus contactos o los que tienen cuenta allí. Y a ver si buscamos otra manera de llamar a esas plataformas, las redes sociales existen desde mucho antes y los antropólogos las analizamos hace más de 60 años. Aunque plata-forma le queda bien: no deja de ser una forma de hacer plata… eso sí, nosotros somos el producto en venta, no los usuarios.

* Estoy tanto tiempo mirando pantallas sentada y quietita, quietita, que cuando me paro se me tapan los oídos. No es una metáfora, lo digo en serio. Esto me tiene tan fuera de estado que me apuno a 1.63 metros de altura.

Punteos clandestinos III

* Estoy muy enamorada de un vikingo. Esto tiene de bueno que te contagia el espíritu combativo y de aventura (no me vengan con la palabra neoliberal de “emprendedorismo”), y una se siente capáz de atravesar los mares más helados para la conquista de nuevas tierras libres y repletas de todo en abundancia. Lo malo es que los vikingos muerden para demostrar amor, hacen volar perros para divertirlos, y cocinan para un regimiento cuando están contentos.

* Hoy en la verdulería (estaba antojada de mandarinas) una señora -de unos cuarenta y pocos años- me “reconoció” y me puso cara  de “mirá que loco donde nos venimos a encontrar”, cara que le devolví, por supuesto. Cuando se iba me saludó con un beso.  Lo extraño es que yo no tengo la menor idea de quién es, pero como fue amigable, me dejé besar y que ella siga en su ignorancia afectiva. Loquísimo, y no es la primera vez que me pasa.

* Recién toqué la llave de luz del baño y una de las bombillas saltó. No se rompió, no explotó. Se despegó del cuello con impulso y cayó rebotando por un montón de artefactos hasta que se posó suave sobre una alfombra.  Tal vez sea momento de creer en los espíritus porque en el baño por lo menos tengo dos: el que me tiró la bombita en la cabeza, y el que la atajó. En esta casa siempre pasan cosas raras cuando se escucha música clásica. ¿Me habrán querido tirar una idea?

* Mi tesis me hace perder los estribos y el pelo. Pero no todo es perder, estoy ganando kilos también. Todos problemas.

Punteos clandestinos II

* Tengo una amiga que rompió un mamógrafo en plena mamografía. Sí, como lo leen. Y eso no es nada, posee otras “capacidades diferentes” como la de conseguir que se le muera un Aloe Vera. Eso sí, entre las aptitudes que tiene le envidio el buen humor al que llega una vez que reconoce su imposibilidad de cambiar los escenarios más adversos. Y nada mejor que un ejemplo: aunque por motivos de salud sabe que tendrá que estar sin contacto humano y encerrada durante tres semanas en una habitación de su casa, se ríe a gritos cuando imagino con ella fiestas por videoconferencia y actividades locas a distancia, haciéndome sentir que –después de todo– puede ser una forma de acompañarla en el mal momento.

* Tuve que pedirle a mi media lima que me cambie él mismo la clave del Facebook para no tener un motivo de procrastinación tan pedorro. No es que de esta forma no pueda recuperarla, sino que así me aseguro de para hacerlo por lo menos voy a tener que sentirme una estúpida que no controla sus impulsos más tarde o más temprano. Que complicada son las cabezas. Iptables en mi propia casa.

* Acabo de tirar un café con leche entero y repetidamente recalentado sobre mi capítulo 1. Sobre la versión en papel que estaba corrigiendo, y sobre la versión digital que está dentro de mi notebook también. Si mi amiga colombiana se enterara de las veces que recaliento mi café en el microondas, se instalaría en mi casa sólo para asegurarse que siempre tomo café recién hecho, tal como se debe. Así de loca es, y así de generosa.

Punteos clandestinos

* Mi mamá hoy me llamó por teléfono… por error. Me di cuenta por el tono de su voz, confundida, pensando que decir; pero especialmente porque siendo que soy la única mujer de esta casa preguntó: “¿Quién habla?” Prefiero pensar que se equivocó de discado rápido  (se ve que quería llamar a una de mis hermanas), a pensar que se olvidó que yo vivo aqui. Y no… no estoy peleada con mi mamá, la quiero muchísimo. Sólo que ella no estila llamarte para ver como estás. Parece que sólo llama cuando estás mal, pero pienso: si no te llama cada tanto para saberlo, tal vez nunca se entere. ¿No? Un dilema que parece irresoluble si no fuera porque la llamo yo cada tanto y porque no quiero ser una de esas hijas que se acuerdan de su mamá sólo cuando la necesitan.

* Creo que voy a escribir algo sobre dentistas. Estoy teniendo mucha experiencia en reconocer gestos y dobles sentidos a través de los barbijos mientras yo me quedo boquiabierta, sin lentes y aburrida. Enjuagate, abrí, cerrá, mordé, escupí.

* Hace un tiempo empecé a darme cuenta que cuando hablo, pero especialmente cuando canto, pongo la boca para un costado. Tal vez tuve un ACV y nunca me di cuenta. Eso explicaría muchas cosas.

* Estoy tomando mucho café. Mucho mucho.  Lo sé porque me gasté un edulcorante entero muy rápidamente, lo que significa que además debo estar envenenada o algo así.

* Mientras más tengo que escribir mi tesis, más ganas de escribir en mi blog me dan. En parte porque tengo a todos los amigos entrenados para llamarme la atención cuando pierdo tiempo en las redes sociales y en hilos locos de mails locos (a propósito, inventé una palabra nueva: mail-interpretar, que significa interpretar mal un mail… algo muy usual). Mis amigos y mis yeguas son excelentes niñeras de tesistas, pero se olvidaron de este sitio ;)

Bibliotecas, quesitas y jugo

Soñé que estaba en una universidad y que ponía todos los petates en una mesa larga de la bibliteca lúgubre y vacía para ponerme a trabajar en mi tesis ya avanzada. Apenas terminé de acomodar todo, entraban unas chicas y se sentaban en la misma mesa, hablaban fuerte y me ignoraban ocupadas en sus conversaciones. Les pregunté si se iban a quedar, pero no me contestaron… así que simplemente me cambié de mesa. Tuve que correr muchas sillas para ello, porque las otras mesas estaban muy pegadas, muy pesadas, muy incómodas.

Me compré unas quesitas en un kiosko que estaba dentro de la biblioteca, en un lulgar en donde los estantes en vez de libros tenían cositas para comer. Pregunté qué había para tomar: me dijeron Stella Artois, pero me cobraron un jugo que finalmente no me dieron. Lo reclamé cuando lo vi cobrado en el tiquet y entonces me lo entregaron: una suerte de Cepita de naranja de litro o algo así. Todo me salió casi $24 (me acuerdo por el cambio, pagué con $100).

Cuando ya tenía todo listo para ponerme a trabajar, las ideas creativas a mano, el lugar, la compu, los libros y apuntes, las quesitas, el jugo; me desperté con hambre y empecé a procrastinar. (Lo primero que hice fue escribir este mini sueño).

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