Política bucal

Desde que una vez fui al consultorio con la hermosa remera de Firefox que dice en la espalda “Internet de todos para todos” (gracias @deimidis), mi dentista cree que soy kirchnerista. Como es complicado hablar con cosas en la boca, si bien le expliqué de qué se trataba esa leyenda, creo que nunca pude aclararle el asunto suficientemente.

La última vez que estuve recostada a su merced me preguntó “¿fuiste a la marcha?” y como puse ojos de “ni en pedo” (hablar con la cara es lo único que se puede hacer en el dentista) me dijo: “Cierto que vos sos K, y yo soy anti K, así que mejor no hablemos de política”.

No pude ni intentar sacarlo de su error, mucho menos explicarle lo del odio de clase de ese pseudocacerolazo, porque en seguida –mientras yo seguía con a boca abierta– se puso a hablar de lo complicado que se le hacía llegar temprano, porque venía desde Olivos en el auto con el tráfico terrible de la capital. Un problemón, se ve. Explicarle matices, luchas pendientes y ganadas, lo bueno y lo criticable, hubiera sido hablarle en chino.

Me dijo que el lunes es su cumpleaños (tiene más o menos mi edad). Si lo que buscaba avisándome es que le lleve un regalo, le voy a llevar “Las venas abiertas de América Latina” de Galeano. Y sí, le digo dentista y no odontólogo para que no se agrande, sólo porque –pensando únicamente en el bolsillo propio– unos miles se juntaron a pegarle a la essen.

¿Qué dijeron?

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