Punteos clandestinos II

* Tengo una amiga que rompió un mamógrafo en plena mamografía. Sí, como lo leen. Y eso no es nada, posee otras “capacidades diferentes” como la de conseguir que se le muera un Aloe Vera. Eso sí, entre las aptitudes que tiene le envidio el buen humor al que llega una vez que reconoce su imposibilidad de cambiar los escenarios más adversos. Y nada mejor que un ejemplo: aunque por motivos de salud sabe que tendrá que estar sin contacto humano y encerrada durante tres semanas en una habitación de su casa, se ríe a gritos cuando imagino con ella fiestas por videoconferencia y actividades locas a distancia, haciéndome sentir que –después de todo– puede ser una forma de acompañarla en el mal momento.

* Tuve que pedirle a mi media lima que me cambie él mismo la clave del Facebook para no tener un motivo de procrastinación tan pedorro. No es que de esta forma no pueda recuperarla, sino que así me aseguro de para hacerlo por lo menos voy a tener que sentirme una estúpida que no controla sus impulsos más tarde o más temprano. Que complicada son las cabezas. Iptables en mi propia casa.

* Acabo de tirar un café con leche entero y repetidamente recalentado sobre mi capítulo 1. Sobre la versión en papel que estaba corrigiendo, y sobre la versión digital que está dentro de mi notebook también. Si mi amiga colombiana se enterara de las veces que recaliento mi café en el microondas, se instalaría en mi casa sólo para asegurarse que siempre tomo café recién hecho, tal como se debe. Así de loca es, y así de generosa.

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