Mala sangre

Ayer aprendí que el en el Hospital de Clínicas uno llega a su destino por pura casualidad o por la insistencia en preguntar en cada recodo de los pasillos, o en cada puerta de ascensor. Allí es posible identificar muchísima gente, que lo conoce tanto pero tanto, que es capaz de guiar a una novata como yo  de un punto a cualquier otro de la mole pública sin siquiera permitirse dudar sobre el recorrido.

También aprendí que mi grupo sanguíneo no es el que yo pensaba que tenía de toda la vida, y que -a pesar de haber completado un riguroso formulario lleno de preguntas personales sobre lo que hice el último año y advertencias sobre por qué esas preguntas no eran discriminatorias- como estoy al límite de 36 no sé que cosa que empieza con “hemo”, sacarme sangre no iba a ser posible esa vez. Por suerte, parece que la gente amiga que la necesitaba encontró reemplazo para mí, pero… qué mala sangre! :(

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