Dos meses

Hace dos meses que no escribo en este blog.

En dos meses pasaron muchas cosas. Cambios de universidad, viajes, asados, estudios, replanteos de investigación, peces nuevos, estudios, mimos, accidentes domésticos, entierros de mascotas, huéspedes, cumpleaños, cervezas, estudios, mandolina de regalo, aumento, estudios, festejos de jubilación, vinos, viajes en moto, estudios, trámites H, donaciones de tiempo y de dinero, estudios…

Muchas de estas cosas pasan siempre, en mayor o menor medida (por suerte).

Pero a lo que no creo acostumbrarme nunca es a otras experiencias que se repitieron a lo largo de los últimos meses. Nadie debiera acostumbrarse nunca a recibir insultos o (pre)juicios de parte de quienes repiten aquello que estilan hacer los pendejos de Filo durante los primeros años de carrera: presentarse como el más ateo de los ateos, el más nativo de los pueblos originarios, el más marxista de los marxistas, el más perseguido de todos los perseguidos… etc. etc. en una competencia por una pureza que no tienen y por definir quién está más cerca de los que no tuvieron la posibilidad de estar donde sí están ellos (como justificándose).

Falta una gran dosis de honestidad en las palabras de esos chicos, porque para hacer cambios revolucionarios que integren a todos hay que reconocerse del mismo lado del que se juzga; y después trasladar esa conciencia a la verdadera lucha y al verdadero enemigo.

Todo lo demás es pose.

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