Desnuda y con flequillo (de ayer)

Hay cambios en la vida que se producen aunque una no quiera. La muerte, el abandono, el paso del tiempo… esas cosas suceden más allá de nuestras previsiones o de nuestros deseos. Suceden y, con más o menos suerte, con más o menos recursos, nosotros nos aprontamos para tranformar lo que podemos o nos acomodamos a esperar lo que sigue.

Cualquiera de esas cosas puede hacernos cambiar de trabajo, de casa, de familia, de país, de nacionalidad, de opción sexual… Hace poco menos de seis años yo estaba dejando un trabajo bien pago (y bien estresante) para dedicarme a asuntos pendientes que me pesaban mucho. Y mientras lo decidía, alguien decidió por mí -a la distancia debo decir, en parte- que no podría seguir ese camino con la misma compañía. Así es que me ’embrigué’ (si cabe el término) con una tristeza que me hizo cantar con el alma las canciones mas tristes del mundo, y que me mantuvo ultra sensible a la tristeza de los demás durante un tiempo.

Pero, entre las decisiones de los otros que nos afectan, también existen aquellas que nos muestran la alegría que nosotros no sabemos ver, y que se sproponen curar el desencanto y recordar lo que realmente importa. Entonces se empieza a trabajar en la aventura de una construcción nueva, que se arma con el otro mientras uno se arma a sí mismo a la vez, nutriéndose mutuamente pero no tanto como para matarse. Es también un cambio, y una decisión que, como otras, nos puede llevar a vivir en otro lado, haciendo otras cosas, hablando otro idioma… o vaya a saber qué.

Mañana es mi cumpleaños, y quería empezar el nuevo año con algo diferente, un cambio elegido. La puta que lo parió. Entonces me pregunto: ¿por qué me estoy quejando de este pelo corto con flequillo del que me arrepiento un poco porque me hace sentir desnuda…? ¡desnuda y con flequillo!

Reflexiones

Es una discusión que se da también hacia adentro de cada uno de los países de la región. El Chávez tan denostado por estas conciencias “democráticas” aceptó como un caballero un resultado electoral donde no alcanzó las metas que se había propuesto. La oposición y todo un contexto internacional condenan a Chávez por mesiánico y autoritario, pero en Venezuela, y bajo su gobierno, se realizan las elecciones menos cuestionadas y más limpias de su historia. Y si no le va bien, lo acepta. Lo paradójico es que la llamada oposición “democrática”, en cambio, no acepta los resultados cuando pierde y denuncia fraudes que no existieron. Estas elecciones legislativas en Venezuela, donde Chávez no obtuvo los resultados que esperaba, sirvieron para demostrar que la oposición no es tan democrática como dice y que Chávez es más democrático de lo que lo acusan.

Miradas al Sur?

Los huevos al plato

De los Trolls, y los Trollsitos. De la gente sin pensamiento propio. De los que mezclan todo para confundir. De los que repiten la mentira y generan bytes y bytes de cosas sin sentido. De los mesías al pedo. De los puros que se sienten perseguidos. De los que confunden vivir en el Capitalismo y estar a favor del sistema de explotación capitalista. De los que sólo gritan y nunca escuchan. De los gurúes que se llenan la boca hablando de lo que los demás tienen que hacer. De los iluminados a los que se puede seguir como acólito, pero nunca criticar como iguales. De los que en privado te dicen una cosa y en público otra. De los que ejercen la violencia repitiendo y repitiendo. De los izquierdistas de café digitales.

En silla de ruedas

Ayer soñé que tenía que llevar a Luis Luque en una silla de ruedas a una fiesta. Y yo me subía también en la silla, como si fuera un monopatín y cada tanto agarrábamos un bache de la calle, hasta que nos caimos los dos. Claro, Luis y yo caminábamos sin problemas así que nos levantamos, nos volvimos a montar en la silla y seguimos.

Hasta que en un momento, cruzando la Av. Pavón, un grupo de 4 adolescentes nos quiso robar… pero eran tan chiquitos que no pude con mi indignación y los saqué cagando mientras le gritaba a un rubiecito escuálido que me miraba con miedo: – “Pero escuchame, ¿qué edad tenés vos? ¿Catorce?

Me desperté pensando que Luis Luque es un copado, y que yo me estoy volviendo vieja.

En el bar

Yo entro como si estuviera en casa, desenfundando cosas y tomando enchufes por asalto y -sólo con invocar la mirada correcta y antes de tener la mesa organizada- mi amigo el mozo ya me deja un Stella fría y un vaso listo.

Ni bien levanto la vista me doy cuenta de que estos tipos son increibles. Desconozco que los une, si es el lugar si es otro espacio de donde provienen, si se trata de la generación que comparten, el barrio… son todas especulaciones. No sabría decir si se conocen hace seis meses o de toda la vida. Pero cuando voy por las tardes a ese bar a escribir o leer, ya quemada de tratar de concentrarme en casa, ellos están ahí.

Algunos van mezclando el vino con agua hasta no tener ninguno de los dos. Otros pasan a ver los números de la quiniela. Hay quienes entran cantando algo sólo descifrable entre ellos. Aquellos se juntan y se cuentan historias, historias repetidas para unos, pero nuevas para los que somos improvisados testigos. Algo me dice que son muchos los que dudan de Dios o del Estado.

Hace tiempo ya que estos hombres canosos me saludan cuando nos vemos ahí. Incluso les conozco el nombre a algunos, la nacionalidad, los intereses… Y aunque sean sólo tipos grandes que socializan en un bar, también son personas que tienen cosas para contar: porque tienen trabajos interesantes, familias que criaron a lo largo de los años, vicios que compartir con otros, cuestionamientos, exilios, persecusiones…

Yo no me canso de verlos y agradezco el respeto con que saludan “Qué tal joven”. Nada de viejos verdes. Nadie que pregunte qué hago con una Vaio en un bar de Gerli. Son tipos grandes, con vida encima y con reservas. Se cuidan entre ellos, y de alguna forma que no entiendo, también siento que me cuidan a mí.

Y mientras escribo ésto, uno más entra y nos sonreimos cómplices, como si leyera estos comentarios en mi cara.

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