Honró la vida

Merecer la vida no es callar ni consentir
Tantas injusticias repetidas
Es una virtud, es dignidad
Y es la actitud de identidad
Mas definida.

Merecer la vida es erguirse vertical
Mas alla del mal, de las caidas.

Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad
La bienvenida.

Chau Negra.
Muchos te vamos a extrañar.

Conversaciones

Conversación entre mi sobrinita de casi 4 años y yo en el baño.

– Ella: Las nenas no tienen pito. Los nenes nada más, ¿no?
– Yo: Si, las nenas no. Los nenes.
– Ella: ¿Y todos los nenes tienen pito?
– Yo: Si, todos los nenes tienen.
– Ella: Y Martín… ¿Tiene pito?
– Yo: (Sorprendida, pero sin titubeos) Si, por supuesto.
– Ella: ¿Y vos como sabés? ¿Se lo viste?
– Yo: (más sorprendida!) Si, claro. Se lo vi, por eso te lo cuento. Además todos los nenes tienen.
– Ella: … (Silencio de satisfacción de respuesta. Por suerte.)

Espero que le dure un tiempo.

La energía no es sólo brasilera

De Brasil no traje Garotos.
No traje caipirinha.
No traje perfumes ni boludeces del freeshop.

Lo que sí me traje (adentro, donde los de aduana no lo ven) son algunos mimos de los que reconocen el esfuerzo y el trabajo, y la energía para encarar las cosas nuevas que surgen y que pueden hacerse cuando buena gente se junta y las concreta convencidas.

Pero lo mejor, fue haberme traido la verdadera distancia que
necesitaba para ver las cosas de una forma más clara y más tranquila.

Que bueno: nunca se deja de aprender.

Cuando los astros estén alineados

Y se cansen de hablar entre ellos e imaginar lo que las cosas son, tal vez algunos paren a mirar para atrás. Y ver, o por lo menos intentar. Y pensar. Y separarse 10 pasos y encontrar el verdadero sentido de la construcción (o de la destrucción). Yo me cansé hace rato. Y ya hice mi tarea.

Dos meses

Hace dos meses que no escribo en este blog.

En dos meses pasaron muchas cosas. Cambios de universidad, viajes, asados, estudios, replanteos de investigación, peces nuevos, estudios, mimos, accidentes domésticos, entierros de mascotas, huéspedes, cumpleaños, cervezas, estudios, mandolina de regalo, aumento, estudios, festejos de jubilación, vinos, viajes en moto, estudios, trámites H, donaciones de tiempo y de dinero, estudios…

Muchas de estas cosas pasan siempre, en mayor o menor medida (por suerte).

Pero a lo que no creo acostumbrarme nunca es a otras experiencias que se repitieron a lo largo de los últimos meses. Nadie debiera acostumbrarse nunca a recibir insultos o (pre)juicios de parte de quienes repiten aquello que estilan hacer los pendejos de Filo durante los primeros años de carrera: presentarse como el más ateo de los ateos, el más nativo de los pueblos originarios, el más marxista de los marxistas, el más perseguido de todos los perseguidos… etc. etc. en una competencia por una pureza que no tienen y por definir quién está más cerca de los que no tuvieron la posibilidad de estar donde sí están ellos (como justificándose).

Falta una gran dosis de honestidad en las palabras de esos chicos, porque para hacer cambios revolucionarios que integren a todos hay que reconocerse del mismo lado del que se juzga; y después trasladar esa conciencia a la verdadera lucha y al verdadero enemigo.

Todo lo demás es pose.

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