#ChauFlaco

No tengo como práctica eso de usar este espacio para escribir reconocimientos a geniales artistas ultrareconocidos como si los hubiera tratado, con menciones exageradas a su obra y a su vida porque es lo políticamente correcto en esos casos. Sí es cierto que alguna vez escribí un saludo, ese agradecimiento anónimo de alguien que ni se sabe que existe y que, como puede hacer cualquiera, escribe en un blog.

Pero hoy es otro asunto.
Spinetta es otro asunto.

Para los músicos (y para los músicos que no hacemos música, como dicen los de CuartoElemento) Spinetta siempre es algo cercano, porque no se puede cantar Barro tal vez a la distancia, te volvés canción inevitablemente. Nadie que por aquí haya tocado alguna vez la guitarra es virgen de las canciones del flaco, y eso cuenta para varias generaciones.

Entonces vale la pena hacer esta excepción:

porque se lo merece y mucho,
porque cualquier cosa que pueda escribir nunca será una exageración,
porque de Spinetta no se puede volver,
y porque  estoy llorando sola como una pelotuda,

Gracias por absolutamente todo.

“Paula”

Resulta que el libro ‘Paula’ de Isabel Allende, no es otra cosa que una hermosa autobiografía (tal vez mejorada con ayuda de sus propios fantasmas), que la autora escribe a su hija de veintisiete años convaleciente durante el año en que, estando en coma, la cuida hasta su muerte.

En medio siglo Isabel vivió desencuentros, muertes, amores, cambios de profesión, nacimientos, aventuras, mudanzas, divorcios, peligros que sólo vio como tales cuando la persecusión fue obvia, y varias situaciones más. Pero una de la cosas que más me gustó, es que de cada persona interesante que conoció a lo largo de todos esos años, supo descubrir aquella pequeña llama de originalidad (a veces pretensiosa, a veces no), que la trasnformaría en personajes de sus novelas y cuentos.

Son personas comunes, como cualquiera de los que lee este blog y que -como todas- tienen algo para contar. Alguna vez evitaron un asalto, o sufrieron una pérdida irreparable que los visita en cada sueño o en cada olor, o tal vez hicieron alguna locura interesados en ayudar a alguien o quien sabe si de puro arrojo. Seguramente se embriagaron algún día, los operaron, se perdieron en alguna ciudad y se pusieron nerviosos frente a otros ojos que los miraron con deseo. Tuvieron trabajos y también renunciaron, armaron proyectos que algunas veces cumplieron las expectativas y otras veces fracasaron rotundamente. No tengo dudas de que todos tienen, como yo, un lugar secreto -o no tanto- en que nos volvemos niños cuando lo recordamos sacudiéndonos los años que nos sobran, y un poema o una canción que guarda una historia tan grande atrás, que cuando la cantamos la volvemos a vivir.

Se dice que, siempre que queramos, todos podemos ser protagonistas de la historia, una historia que está por contarse o escribirse. Yo soy partidaria, además, de que de cada persona puede hacerse un libro o un cuento: incluso si nuestra vida transcurre (como la de la mayoría) en esa latencia constante entre lo que llamamos fortunas y desgracias más o menos profundas.

Pero Paula, novela que me estrujó las entrañas y me hizo llorar de tristeza pura y dura pero también me arrancó sonrisas, nos recuerda una cosa más: muchas veces, el verdadero protagonista, no es otra cosa que la propia necesidad de contar.

No puedo parar de cantar esto

El vino entibia sueños al jadear
Desde su boca de verdeado dulzor
Y entre los libros de la buena memoria
Se queda oyendo como un ciego frente al mar.

Mi voz le llegará
Mi boca también
Tal vez le confiare
Que eras el vestigio del futuro.

Rojas y verdes luces del amor
Prestidigitan bajo un halo de rush
Que sombra extraña te oculto de mi guiño
Que nunca oiste la hojarasca crepitar?

Pues yo te escribiré
Yo te hare llorar
Mi boca besará
Toda la ternura de tu acuario.

Mas si la luna enrojeciera en sed
O las impalas recorrieran tu estante
No volverías a truinfar en tu alma?
Yo se que harías largos viajes por llegar.

Parado estoy aquí
Esperándote
Todo se oscureció
Ya no se si el mar descansará…

Habra crecido un tallo en el nogal
La luz habra tiznado gente sin fe
Esta botella se ha vaciado tan bien
Que ni los sueños se cobijan del rumor.

Licor no vuelvas ya
Deja de reir
No es necesario más
Ya se ven los tigres en la lluvia

“Los libros de la buena memoria”  Spinetta
(en Invisible – El jardín de los presentes – 1976)

Poema de despedida

Corazón Coraza
Mario Benedetti

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mis primeros libros de poemas, fueron los de él.

Estopeada II

Voy a tener que pedir más hierba.
Como te acuestes, me acuesto,
me voy contigo y me voy con lo puesto.
Como te mueras, te mato.
Ni tú eres perra ni yo soy un gato.
Mi corazón de repuesto
se muere por latir siempre a tu lado.
Como te acuestes, me acuesto.
Como te mueras, te mato.

De “Corazón Aerodinámico” – Estopa
La calle es tuya.

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