Eric tiene razón

Hoy nos enteramos de la muerte de Eric Hobsbawm.

Comparto el gran final de su libro “Cómo cambiar el mundo”, libro de 2011:

“El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI. Una vez más ha llegado el momento de tomarse en serio a Marx”. (pag. 424)

Adiós a un grande,
también es su gran final.

Política bucal

Desde que una vez fui al consultorio con la hermosa remera de Firefox que dice en la espalda “Internet de todos para todos” (gracias @deimidis), mi dentista cree que soy kirchnerista. Como es complicado hablar con cosas en la boca, si bien le expliqué de qué se trataba esa leyenda, creo que nunca pude aclararle el asunto suficientemente.

La última vez que estuve recostada a su merced me preguntó “¿fuiste a la marcha?” y como puse ojos de “ni en pedo” (hablar con la cara es lo único que se puede hacer en el dentista) me dijo: “Cierto que vos sos K, y yo soy anti K, así que mejor no hablemos de política”.

No pude ni intentar sacarlo de su error, mucho menos explicarle lo del odio de clase de ese pseudocacerolazo, porque en seguida –mientras yo seguía con a boca abierta– se puso a hablar de lo complicado que se le hacía llegar temprano, porque venía desde Olivos en el auto con el tráfico terrible de la capital. Un problemón, se ve. Explicarle matices, luchas pendientes y ganadas, lo bueno y lo criticable, hubiera sido hablarle en chino.

Me dijo que el lunes es su cumpleaños (tiene más o menos mi edad). Si lo que buscaba avisándome es que le lleve un regalo, le voy a llevar “Las venas abiertas de América Latina” de Galeano. Y sí, le digo dentista y no odontólogo para que no se agrande, sólo porque –pensando únicamente en el bolsillo propio– unos miles se juntaron a pegarle a la essen.

El mundo y la revolución

El mundo no es un pañuelo como dicen algunos. No, no y no. Nada más alejado de la realidad del mundo que un trozo de tela básico y monótono que nos unifica. El mundo donde vivimos es más bien una especie de camperita con sus partes bien diferenciadas y en donde nos ubicamos, mejor o peor, todos sin excepción.

En la camperita/mundo están los que viven confortables del lado del corderito protegidos del frío, de la lluvia, del roce con el mundo exterior rugoso, sucio y contaminante. Ellos no tienen sobresaltos, no tienen casi deterioro, no sienten necesidades. Algunos incluso viven cómodamente en el bolsillo interno donde se aloja la chequera del mundo: según dicen los que viven allí, no hay un lugar más seguro que ese.

Pero en esta prenda también se albergan los que están por afuera del corderito. Las desventajas son evidentes porque los avatares del clima, el desgaste y la falta total de asepsia los ubica en un lugar donde no existe otra forma de vivir que no sea tomando riesgos. Sin embargo no hay que confundir: esas mismas circunstancias los hacen fuertes y predispuestos a cambiar de lugar (siempre del lado de afuera, claro) y –de paso– conocer un poco más otros lados del complejo abrigo y el universo del placard.

El problema de vivir en la camperita/mundo no lo tienen, por supuesto, los residentes cómodos de los bolsillos internos y el corderito, ni los que mal o bien van migrando del pliegue frontal al cierre, o de un hombro al otro. Ni siquiera los que recorren la espalda en esa letanía donde todo es siempre igual.

El inconveniente de que el mundo no sea un pañuelo sino una camperita, lo tienen los que están en las mangas gastadas por el trabajo cotidiano, en los cuellos transpirados a causa de la faena diaria, en los codos donde algunos se aferran desesperados a los pitucones y viven en un brutal vaivén porque siempre están a punto de caerse, o peor, de quedarse pero sin recibir el menor interés de nadie (como una costura invisible). Y esto es posible sólo hasta que los habitantes del corderito, quieran cambiar el pitucón sin pensar en sus oscilantes moradores.

En esta camperita también sufren muchísimo aquellos que saltan todo el tiempo del bolsillo desfondado y vacío del cambio chico, porque se desangran poco a poco sin alternativa, saben que el paso siguiente es el pitucón y entonces prefieren saltar a vivir zamarreados.

Pero no hay que desalentarse porque ese salto motivado desde los agujeros de los bolsillos desiertos y gastados, puede llevarlos a bucear por las profundidades y entretelas de la camperita/mundo, pasar por las mangas y pitucones sin ser vistos, hablar con los del cuello sin ser percibidos, y –cuando nadie se lo espera– hacer reversible la camperita.

Apagón 18 de enero ¡Stop SOPA y PIPA!

Desde este modesto Blog, me uno al apagón de numerosos sitios en una protesta mundial contra de SOPA/PIPA. Estas últimas leyes de los Estados Unidos son poderosos ejemplos de algunos de los proyectos que en diversos países buscan establecer regulaciones que atentan contra los derechos de los ciudadanos en Internet.

SOPA y PIPA, promovidas por grandes empresas concentradoras de contenidos de las industrias culturales entre otros, destruyen las características constitutivas de la red, afectando su neutralidad en detrimento de los derechos de los ciudadanos que la construyen, al permitir la limitación de la libertad de expresión, la vigilancia, el bloqueo de sitios web y especialmente, al criminalizar el ejercicio de compartir la cultura.

Por eso, el 18 de enero, digo  #StopSOPA y #StopPIPA

(Y de paso hago un asado).

Informate aquí:

http://www.solar.org.ar/spip.php?article919

Y con este video:

http://www.youtube.com/watch?v=VT5l82oQZdg

Contra el spam telefónico

La cosa es así. A mi casa llaman por teléfono unas 5 veces por día (aproximadamente) para ofrecer cosas que no ncesito. Que realmente no necesito. No las quiero.

No quiero un plan de internet (que por otro lado es de la misma empresa que ya tengo), no quiero ningún servicio asociado a telefónica (que voy a dar de baja a la brevedad), no quiero descuentos en nada, no quiero autos (no podría pagarlos). No quiero.

Y mucho menos quiero ayudarte a perseguir a un persona de nombre parecido al titular de mi línea (que no soy yo) y que parece que debe $5 en no se que megatienda. No. Mucho menos lo último porque, por otro lado, no sólo te animan a ser un buchón que ya de por sí es terrible, (“Lo conoce, es un vecino?”) sino que a ser un buchón por intereses de otros que nada tienen que ver con vos, y buscan responsabilizarte de una deuda de un desconocido y que hasta por ahí es injusta. A mi me llegaron a decir: “Ahora entonces usted tiene que darme unos datos”. ¿Eh? No reproduzco todo lo que le dije, no por obseno, sino por largo.

Ya no es divertido no atender, y no alcanza con sólo cortar. Ahora opté, ya que me ofrecen cosas que no necesito, en ofrecer cosas que necesitamos todos: Cultura (en el más amplio de los sentidos).

Cuando descuelgo y escucho que es un call center, les pongo un audiolibro, la charla TEDx de Casciari, el audio de un poeta leyendo sus versos. Tengo una solapa en el navegador dedicada a tener a mano cultura para ofrecerle a los  chabones/as alienadas en un call center, que tienen que laburar y se olvidan (no los culpo) que lo deben hacer por sus intereses y necesidades, y no por los de otros.

Una vez alguien se quedó escuchando un buen rato un pasaje de “Breve historia de casi todas las cosas” un librito de divulgación que cuenta historias sobre todo: desde la edad de la tierra hasta el ADN. Quiero pensar que se quedó en línea porque estaba interesado y disfrutando.

Porque todos necesitamos esas cosas,
así que aprovecho el tiempo que me dan y la comparto por teléfono.

 

 

Next Page →

© Copyleft 2005-2011 | www.verox.com.ar | Hecho con Wordpress |
Contenido original de este blog bajo licencia

Creative Commons License